
En 1991 medico international fundó, junto con la Vietnam Veterans of America Foundation, la Campaña Internacional para la Proscripción de las Minas Terrestres. En 1997 la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Terrestres fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz. medico international cuenta entre las organizaciones fundadoras de la campaña, que aboga a nivel mundial por la prohibición de las minas. A partir de una idea, germinó un movimiento mundial. Sin ese apoyo, la campaña no habría podido adquirir nunca las dimensiones que ha alcanzado. La “iniciativa ciudadana más exitosa del mundo”, tal y como la describió el Ex secretario general de la ONU Kofi Annan, ha conseguido forzar a los militares a la prohibición de una de sus armas.
El Tratado de Ottawa entró en vigor en 1999; en él se prohíbe el empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y se contempla la facilitación de recursos financieros para la asistencia a las víctimas de estas minas y el desminado de las áreas contaminadas. Por primera vez se están removiendo más minas de las que se tienden. Muchos son los factores que contribuyeron al éxito de la campaña iniciada por medico en 1991 junto a la Vietnam Veterans of America Foundation.
Entre los más importantes cabe destacar que la Campaña Internacional para la Proscripción de las Minas Terrestres estableció un debate público internacional independiente que logró tornar una cuestión de carácter militar en un tema público. En su momento de apogeo, la campaña abarcaba una red mundial de más de 60 campañas nacionales. Desde el inicio de la campaña en contra de las minas en 1991, se han producido muchos cambios. El número de personas muertas o mutiladas como consecuencia de las minas se ha reducido drásticamente. El hecho de que hoy se proceda al desminado a gran escala es mérito también de una red de instituciones que vela por el cumplimiento del Tratado de Ottawa en todo el mundo.
La presión ejercida por la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Terrestres durante las dos últimas décadas no sólo ha llevado al establecimiento de una nueva norma internacional, sino que ha permitido la conformación de una estructura administrativa e institucional, sin la que no sería posible reducir los peligros ocasionados por las minas.
Entre las instituciones que surgieron a partir de la firma del tratado cuentan las conferencias que reúnen de manera periódica a las naciones firmantes para debatir la puesta en práctica de las disposiciones del tratado; los sistemas de vigilancia de la sociedad civil que, como el “Landmine Monitor”, velan sobre el cumplimiento de las resoluciones; el “UN-Mines Action Service” (UNMAS), que coordina los programas de sensibilización y desminado en todo el mundo; y el “Geneva International Center for Humanitarian Demining” (GICHD), con sede en Suiza, que proporciona el apoyo necesario, diseña conceptos de desminado y elabora procedimientos de operación estandarizados y estándares de calidad. Todo esto puede sonar a burocracia superflua, pero a menudo son precisamente esos estándares los que deciden sobre la vida y la muerte de muchas personas. Fue necesario un gran poder de convicción, una “diplomacia ciudadana”, por así decir, para obtener la participación activa de los países firmantes (entre ellos Alemania) en actividades multilaterales centradas en el desminado y la asistencia a las víctimas. Hasta qué punto resulta imprescindible ese tipo de compromiso multilateral se puede ver actualmente en Afganistán, en donde el éxito de las actividades desarrolladas en los últimos años se pone en juego, en la medida en que se ve superpuesto por estrategias militares particulares, lleven estas por título nombres como “comprehensive approach” o “seguridad enlazada”.
